20 jul. 2012

El materialismo eliminativo y "La Cámara de Platón" de Paul Churchaland (Reseña crítica)

Reseña del libro de Paul M. Churchland: "La Cámara de Platón: ¿Cómo el cerebro material captura el paisaje de los Universales Abstractos"? por Peter Carruthers y J. Brendan Ritchie
"La Cámara de Platón" es la presentación más reciente de Churchland de sus teorías del aprendizaje y de la representación mental, así como su relación con los problemas de la epistemología y la filosofía de la ciencia. El libro está escrito claramente, con un estilo cautivador, y recoge muchos de los debates que Churchland ha incurrido en el transcurso de los últimos 30 años.
Tras un capítulo introductorio que resume su posición, los siguientes dos extensos capítulos, están destinados a proporcionar una teoría neural realista de lo que Churchland llama "primer nivel de aprendizaje." Este es el nivel de aprendizaje que se fundamenta en el conocimiento de aquellos elementos estructurales y causales del mundo  que son invariantes (los referidos  en el título del libro), un conocimiento que es el producto de la modificación gradual de las conexiones sinápticas entre las neuronas.
Si bien esta idea por en un primer momento se explica en términos de algoritmos de corrección de errores (en el capítulo 2), luego se sustituye por un mecanismo más neutralmente-plausible, el de la plasticidad de Hebb ("las neuronas que se disparan juntas, se conectan entre sí", en el capítulo 3). De cualquier manera, el resultado es un gran conjunto de poblaciones neuronales,  tal que cada una de ellas han sido esculpidas en un mapa-característico de una dimensión alta  sobre algún dominio(De hecho, Churchland repetidamente se devuelve a la idea que la mente es un compuesto de múltiples mapas). En el caso del reconocimiento de rostros, -por ejemplo-, la población neuronal correspondiente, representa las diversas dimensiones a lo largo de las cuales, las caras pueden diferir entre sí. El reconocimiento de un rostro en particular entonces, se conseguirá con la mayor actividad en una región neuronal específica, y esta región neural  es denominada por Churchland, como:  "estado-de-espacio", que corresponde a la intersección de las activaciones de los niveles a lo largo de cada una de las dimensiones del espacio que son evocadas por el rostro reconocido.
El capítulo 4 se ocupa a continuación de lo que Churchland llama "el segundo nivel de aprendizaje", que consiste en la redistribución de los marcos conceptuales para nuevos dominios. A la vez, Churchland, da cuenta de los cambios en los paradigmas de descubrimiento científico. Un caso, es que se detiene a dar cuenta de manera extensa, sobre la intuición de Newton, en torno a la fuerza que hace que las manzanas que caigan al suelo y como estas a su vez pueden explicar la órbita de la Luna alrededor de la Tierra (p.192-194). Discute una variedad de otros ejemplos famosos, con los cuales Churchland plasma una reivindicación del realismo científico, y así refutar las famosas objeciones anti-realistas, como la pesimista  meta-inducción y la indeterminación de la teoría por la evidencia. Mientras que la segunda objeción recibe un debate muy largo que no podemos examinar aquí, la idea principal de la réplica de Churchland a la primera, es que la historia de la ciencia consiste en sustituir nuestros mapas parcialmente correctos por otros mapas que tienen un mayor rango explicativo y predictivo. Se propone así una visión optimista de meta-inducción, en el sentido que podemos esperar que futuras teorías que consisten en mapas que son cada vez más precisos que aquellos parcialmente correctos como los que usamos hoy en día.
El Capítulo 5 describe el tercer nivel de aprendizaje, que tiene un sentido exclusivamente humano. Este es el aprendizaje cultural (utilizando especialmente los recursos del lenguaje natural), así como la actividad cognitiva colectiva que implica la comunicación y el debate. Una cosa que Churchland destaca, es sobre cuánto este tipo de tercer nivel de aprendizaje ha consistido en la invención de los mecanismos de regulación para mejorar el aprendizaje en el segundo nivel y para permitir una transmisión más eficaz de los conocimientos. Estos incluyen desde la nemonición de los registros básicos hasta las normas comunes de evaluación epistémica.

Eso, a grandes rasgos, es el marco defendido en el libro. Pero, ¿Qué dice Churchland acerca de las posiciones opuestas sobre estos temas? Mientras que su libro tiene muchas virtudes, es lamentable que en repetidas ocasiones no hace justicia a las opiniones de sus oponentes. En su mayor parte, Churchland critica caricaturas poco creíbles, en lugar de comprometerse con cierta simpatía pero críticamente con ls más caritativa interpretaciones de sus posiciones. Tres ejemplos (que se discutirá con más detalle en los párrafos siguientes) son sus críticas a los innatistas, su repudio a la "hipótesis del lenguaje del pensamiento", o "LDP" (defendido por Fodor y otros), y su crítica de los indicadores semánticos (del tipo defendido por Dretske, Fodor, y otros). Por otra parte, aunque Churchland tiene muchas cosas interesantes que decir en los dos últimos capítulos del libro sobre la cuestión del realismo científico, el papel del lenguaje natural y las instituciones culturales en la configuración de algunos aspectos de la cognición humana, se mantiene lejos de una adhesión explícita a cualquier otra línea discursiva, que se aleje de su narración central, y es sobre lo imprescindibible de la sustentar neuronalmente en última instancia, de cualquiera de estos procesos cognitivos. El resultado es un libro profundamente insatisfactorio. Churchland ha perdido una oportunidad para mostrarnos, no sólo de dar cuenta de su "espacio-de-estado neural", sino que en realidad es inconsistente en sus posturas frente al innatismo y las teorías LDP, la cuales tienen ventajas comparativas, que las posiciones opuestas requieren abordar.
La teoría del espacio-de-estado del nivel más básico de la representación en el cerebro no es en absoluto inverosímil. De hecho, la idea de representación distribuida de redes neuronales es muy popular en la ciencia cognitiva. Pero no hay nada en esa misma línea de explicación que excluya el papel significativo del innatismo. Churchland es firme en su oposición a cualquier postura de este tipo, sin embargo, comparando el pequeño número de genes contenidos en el genoma humano, con la astronómica cifra de conexiones neuronales, surgen interrogantes. Ningún innatista verdadero, en realidad  sostiene que las conexiones neuronales individuales están directamente codificadas en el genoma. Por el contrario, parten que los sistemas innatos son más bien el resultado combinado de las interacciones entre los genes, las variables de desarrollo, y las influencias ambientales. Una primera aproximación básica, es que el supuesto básico de los innatistas en el ámbito de la ciencia cognitiva, es que algunas de las características de nuestros sistemas neuronales y cognitivos se adquieren o desarrollan sin aprendizaje, pero sin que estén directamente codificadas en los genes (Carruthers et al., 2005, 2006, 2007).
Churchland no hace ningún intento de comprometerse con las posiciones recientes sobre el innatistismo, ni con algún tipo de datos empíricos que sustenten a sus puntos de vista. Por ejemplo, ahora sabemos que el procesamiento de rostros en los seres humanos y los monos macacos se lleva a cabo en un intrincado conjunto interconectado de las seis regiones corticales, que parecen ser homólogos a través de las dos especies (Moeller et al, 2008;.. Tsao et al, 2008 ). También sabemos que los bebés humanos y monos tienen la capacidad de distinguir entre los rostros y no- rostros (por ejemplo, una imagen los componentes faciales revueltos) al nacer (Farroni et al., 2005). Por otra parte, los monos que nunca han tenido del todo ninguna exposición a los rostros (que fueron criados por los seres humanos con máscaras opacas de gasa sobre sus cabezas) sin embargo, muestran la capacidad de una discriminación refinada entre ambos, es decir, entre los rostros humanos y de los monos  de manera cercana a como lo normal (Sugita, 2008 ).
Lo que estos datos sugieren es que los primates poseen un dominio específico del mecanismo de aprendizaje que se encuentra cableado de manera innata y especializado para los rostros, que puede realizar al menos algunos aspectos de su función sin tener que ser aprendido. Por otra parte, existe una amplia evidencia que apoya la existencia de muchos de estos mecanismos en los seres humanos y otros animales. Muchos animales pueden caminar desde el nacimiento, por ejemplo, y ya son capaces de representar una buena parte de la estructura espacial y causal del mundo que les rodea. Que la misma no parece ser el caso de los bebés humanos puede dar lugar a más de la naturaleza altamente altricial de la infancia humana - ya que las cabezas de los bebés humanos de otro modo serían demasiado grandes para viajar por el canal del parto - en lugar de una ausencia de innata mecanismos de aprendizaje. De hecho, las opiniones de este tipo son defendidos por aquellos que han utilizado tiempo buscando métodos para revelar la existencia de un número de diferentes cuerpos de los llamados "conocimientos fundamentales" en los bebés humanos (Spelke y Kinzler, 2007).
Además, Churchland no hace mención de los muchos casos de un -aprendizaje de golpe- (inmediato), y que se sabe que se presenta en el reino animal, aunque él más bien hace hincapié en la lentitud conexionista y del aprendizaje hebbiano. Por ejemplo, una abeja necesita observar la danza de su similar, solo una vez para saber la dirección y la distancia de una fuente de néctar, y un babuino puede llegar a conocer el nuevo ordenamiento de las familias e individuos en una tropa de oír un solo intercambio agonista que concluye con un rango-revertido - de un alarido de miedo (Cheney y Seyfarth, 2007). Es posible que estos hallazgos puedan ser explicados en términos conexionistas o de hebbianos, pero Churchland no pretende decirnos cómo.
El mismo error de no comprometerse con enfrentar las posturas reales de sus oponentes, es característico con la discusión de Churchland con las teorías sobre la hipótesis del Lenguaje del Pensamiento(LDP). Él escribe despectivamente sobre estas posturas:
"Alentados además por nuestra muy querida Psicología Popular(Folk Psychology)[sustentadora del Lenguaje del Pensamiento (LDP)] han leído mal de nuevo, el fenómeno objetivo de la cognición en general una estructura históricamente accidental, idiosincrática a una sola especie de animal (es decir, los seres humanos), y la cual es de importancia profundamente secundaria aún allí" (Churchland, p.5).
No obstante, en tal afirmación queda en envidencia que Churchland no comprende bien la hipótesis(LDP). En una apelación a la psicología popular, resulta enteramente inesencial traer a colación las teorías del LDP,  así como aquellas teorías que intentan entender la estructura representacional de la mente como analogía con el lenguaje humano público, lo cual es patentemente falso en el caso de Fodor(que es, por por supuesto, el teórico arquetípico de las teorías sobre la hipótesis del Lenguaje del Pensamiento(LDP)).
Por otra parte,  los sustentadores del Lenguaje del Pensamiento(LDP) no afirman que sus representaciones son: "simplemente ocultas, versiones internas de las representaciones lingüísticas y actividades tan características de la actividad cognitiva en el tercer nivel [el nivel de razonamiento explícito y la comunicación en oraciones del lenguaje natural", que se analizan en el capítulo 5] "(p. 26), un enfoque que Churchland atribuye a que son sostenidas por Fodor  (1975). Por el contrario, las representaciones del Lenguaje del Pensamiento(LDP) que son sostenidas por Fodor  son como un lenguaje- sólo en el sentido de que tienen una sintaxis combinatoria y una semántica y cumplin con las condiciones de sistematicidad y composicionalidad (Fodor y Pylyshyn, 1988). Las representaciones mentales, de las que da cuenta LDP, se construyen a partir de componentes de representación, de tal forma que estos componentes hacen aportaciones sistemáticas a las propiedades de representación de los complejos en los que están inmersos. Por supuesto, es cierto que el lenguaje humano es composicional y sistemático. Pero LDP no postula que  tenemos un sistema interno de representación que no es más que una versión interna de una externa, el lenguaje público. Tampoco nadie sostiene que la LDP es distintivamente humano, como dice Churchland. Por el contrario, muchos datos que lo sostienen se derivan de estudios sobre los animales no humanos (Gallistel, 1990; Gallistel y King, 2009).
Irónicamente, la propia propuesta de Churchland debe ser complementada en gran medida con un rango explicativo más amplio de la cognición humana y animal, y la más obvia suplementación disponible sería introducir representaciones del Lenguaje del Pensamiento(LDP) (bien entendida, como la explicada previamente) en la propuesta. Churchland contrasta los marcos conceptuales resultantes sobre un lento aprendizaje, los cuales reflejan la estructura fija causal del medio ambiente, con activaciones efímeras dentro de esas redes que sitúan al organismo en el aquí y ahora, lo que le permite saber qué esperar después  efectuar cambios en ese entorno. Sin embargo, hay un rango enorme de formas de representación del medio ambiente que no se encuentra en esta dicotomía, tanto de la semántica y las formas de la memoria episódica. Es sorprendente que pudo escribir todo el libro sin hablar de los ejemplos de este tipo.
Las estructuras de espacio-de-estado que se cree que se construyeron lentamente por aprendizaje hebbiano, se aproximan más a lo que normalmente se describe como formas implícitas de conocimiento. Nuestro conocimiento de las formas en que rostros pueden variar de unos a otros es en su mayoría implícita y inarticulable, por ejemplo(-de hecho, los innatistas, plausiblemente podrían apropiarse de la idea de espacio- de-estado para caracterizar las estructuras de transformación interna de los mecanismos de aprendizaje que postulan-). Este es el "paisaje de los universales abstractos", descrito por el subtítulo del libro. Y entonces la actividad que acopla diversas regiones específicas en los  espacios-de-estado, representa el aquí y ahora, como captación presente del rostro de una persona determinada. Sin embargo, los seres humanos y otros animales poseen muchas formas de conocimiento que no corresponde a ninguna de estas categorías, ya que requieren interacciones entre mapas neuronales. Por otra parte, estas son formas de conocimiento que no pueden asimilarse al aprendizaje en el segundo nivel de Churchland (-como el razonamiento por analogía-), ni en la tercero (-donde las oraciones del lenguaje natural desempeñan un papel importante-).
Considérese la posibilidad de la memoria episódica, por ejemplo. Esos recuerdos no son regiones en cualquier espacio-de-estado. Más bien, parece que implican la creación de vínculos a largo plazo entre regiones de diversos espacios-de-estado, correspondientes a los diversos componentes sensoriales de la experiencia original, de tal manera que las activaciones de cualquiera son susceptibles de causar activaciones de las otras . Si se recuerda un episodio por ejemplo, de tres tomates rojos que caen en suelo de la cocina de uno y rompiéndose, entonces esto parece exigir un vínculo a largo plazo entre la región de color de espacio de estado que representa de color rojo y la región de la fruta-y-vegetal-espacio que representa tomates, junto con la región que representa una numerosidad de tres y la región de la ubicación del espacio que corresponde a una de cocina. De hecho, es en tan sólo en estos términos que la formación de la memoria episódica es caracterizada por muchos científicos cognitivos (Tulving, 2002). De observar que la estructura resultante es discreta y distinta de la mayoría de los otros recuerdos episódicos. También se encuentra composicionalmente estructurada fuera de las regiones de espacio-de-estado que representan los diversos componentes del evento original.
Algo similar seguramente será el caso de muchas formas de memoria semántica (o "fáctica") Considérese una situación: "te aproximas a una colega mientras se encuentra paseando al perro, y señala la casa donde ella vive cerca". El conocimiento resultante no está cómodamente asimilado al conocimiento de la estructura causal fija del mundo representado por los propios espacios-de-estados(-tampoco es la naturaleza del conocimiento analógico o basado en el lenguaje natural-). Sino que parece requerir la construcción de un acoplamiento de las regiones de varios espacios-de-estado(-por ejemplo, del sistema de reconocimiento facial-), que representan la  colega en una a la región de un espacio-de-estado y otra a la que corresponde a la localización de su casa. Y esto, también, será una representación discreta que se encuentra composicionalmente estructurada: una oración en el lenguaje del pensamiento, ¡nada menos!
Un lugar donde Churchland no pareciera presentar un diálogo claro con las opiniones contrarias, es en el tema de los contenidos representacionales. Aquí Churchland defiende una versión actualizada de su: espacio-de-estado-semántico y se contrasta con el  "indicador" semántico, como el desarrollado por las posiciones bien conocidas de Dretske (1988) y Fodor (1990). Pero, de nuevo Churchland trata con menos gentileza a sus oponentes. Por ejemplo, las objeciones en contra de Fodor de que no existen leyes de la naturaleza que vinculen elementos tan cotidianos como unos calcetines, con cualquier estado del cerebro (p.95). Pero esto es, probablemente, es tomar las palabras de Fodor de manera más estricta lo que él pretendía. Todo lo que realmente Fodor necesita,  es un compromiso con la existencia de una conexión confiable de causalidad, que satisfaga su famoso requisito de "dependencia asimétrica". Porque él es bastante explícito en los que se refiere a los procesos causales, muchos de los cuales podrían incluir representaciones, que dan cuenta de aquellos que determinan el contenido de un símbolo (Fodor, 1990, p.110). El punto esencial es que el contenido de estos otros símbolos no contribuyen al contenido del símbolo en sí.
Al confrontar el espacio-de-estado-semántico con lo expuesto por los indicadores semánticos, Churchland postula el principio:, "no hay representación sin alguna comprensión" (p. 96). Aquí el contraste con las ideas de Fodor es claro, ya que este último siempre ha defendido una explicación resueltamente atomista de los contenidos. Pero pasa por alto el hecho de que muchos teóricos que apoyan una la posición del indicador semántico, sostienen que es  solo componente de dos de la explicación sobre el contenido semántico, el otro componente es una cierta forma de lo que Millikan (1984) denomina "la semántica de los consumidores ", como sus propia teleosemantics o una versión de la semántica de función-inferencial (Block, 1986). Y sobre estos teóricos,  que Churchland ha dicho, que felizmente podrían adoptar su explicación de la semántica de espacio-de-estado, dado que ofrece una explicación sobre los vehículos de los contenidos, así como una explicación de cómo el modelo correspondiente de la función teleológica o inferencial es establecida.
Un hecho sorprendente final sobre el libro de Churchland, es que parece casi totalmente divorciado de la psicología empírica. Cabe destacar que, de hecho, en un libro que propone una teoría de la mente que se supone cuenta con apoyo empírico, que Churchland proporciona sólo una treintena de referencias científicas, apenas un tercio de las cuales datan del siglo XXI, y muchos de los cuales son computacionales más de carácter experimental. A uno le gustaría pensar que él escogió ofrecer sólo una selección juiciosa, para no abrumar a su público con referencias. Pero ya que él hace caso omiso de numerosos resultados que aparecen en contradicción con sus tesis principales, es de suponer que la escasez de referencias requiere de una explicación diferente. De hecho, Churchland ignora casi por completo la amplia labor de la psicología evolutiva y experimental, la neurociencia, y los estudios de la cognición comparativa que han sido llevados a cabo por los científicos cognitivos, especialmente en los últimos veinte años. Y es precisamente cuando se examinan las teorías apoyadas por los fenómenos empíricos de diversas variantes psicológicas, que los argumentos pasados ​​y presentes para el innatismo y por el LDP (apropiadamente entendido) comienzan a emerger.

Fuente:
Paul M. Churchland, Plato's Camera: How the Physical Brain Captures a Landscape of Abstract Universals, MIT Press, 2012, 299pp. | Reviewed by Peter Carruthers and J. Brendan Ritchie, University of Maryland. Disponible en: http://ndpr.nd.edu/news/32035-plato-s-camera-how-the-physical-brain-captures-a-landscape-of-abstract-universals/
Traducción al español: Ciencias Cognoscitivas de Costa Rica

Referencias en la reseña: 
*Block, N. (1986). Advertisement for a semantics for psychology. Midwest Studies in Philosophy, 10, 615-678.
*Carruthers, P., Laurence, S., and Stich, S., eds. (2005, 2006, 2007). The Innate Mind, Vols. 1, 2, and 3. Oxford University Press.
*Cheney, D. and Seyfarth, R. (2007). Baboon Metaphysics. University of Chicago Press.
*Dretske, F. (1988). Explaining Behavior. MIT Press.
*Farroni, T., Johnson, M., Menon, E., Zulian, L., Faraguna, D., and Csibra, G. (2005). Newborns' preference for face-relevant stimuli: Effect of contrast polarity. Proceedings of the National Academy of Sciences, 102, 17245-17250.
*Fodor, J. (1975). The Language of Thought. New York: Crowell.
*Fodor, J. (1990). A Theory of Content and Other Essays. MIT Press.
*Fodor, J. and Pylyshyn, Z. (1988). Connectionism and cognitive architecture. Cognition, 28, 3-71.
*Gallistel, R. (1990). The Organization of Learning. MIT Press.
*Gallistel, R. and King, A. (2009). Memory and the Computational Brain. Blackwell.
*Millikan, R. (1984). Language, Thought, and Other Biological Categories. MIT Press.
*Moeller, S., Friewald, W., and Tsao, D. (2008). Patches with links: A unified system for processing faces in the macaque temporal lobe. Science, 320, 1355-1359.
*Spelke, E. and Kinzler, K. (2007). Core knowledge. Developmental Science, 10, 89-96.
*Sugita, Y. (2008). Face perception in monkeys reared with no exposure to faces. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105, 394-398.
*Tsao, D., Moeller, S., and Freiwald, W. (2008). Comparing face patch systems in macaques and humans. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105, 19514-19519.
*Tulving, E. (2002). Episodic memory: From mind to brain. Annual Review of Psychology, 53, 1-25.
Otras fuentes: 
*Neurofilosofía: minicomentario del libro Plato’s Camera de P.M.Churchland | El Blog de la SENC http://bit.ly/MikePQ
*Plato's Camera - The MIT Press http://bit.ly/MikOx7
*Plato's Camera: How the Physical Brain Captures a Landscape of Abstract ... - Paul M. Churchland - Google Libros -  http://bit.ly/Mim9nG
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Paul M. Churchland
Paul Churchland es un filósofo norteamericano nacido en 1942, ligado a la Universidad de California, San Diego. Obtuvo el grado de Ph.D. en la Universidad de Pittsburgh, bajo la dirección de Wilfrid Sellars. Marido de la también filósofa Patricia Churchland, está considerado uno de los principales estudiosos de la neurofilosofía y la filosofía de la mente. Es el principal defensor del materialismo eliminativo. Esta tendencia de la filosofía de la mente propone que los conceptos mentales, tales como creencias y deseos, son constructos teóricos sin una definición coherente, y por lo tanto, no pueden figurar en los esfuerzos por comprender el funcionamiento del cerebro y la mente. Churchland argumenta que, tal como la ciencia moderna no necesita los conceptos "suerte" o "brujería" para explicar el mundo, la futura neurociencia, no necesita de los conceptos "creencia" y "deseo" para explicar el cerebro. En cambio, debería tratar de fenómenos objetivos como neuronas y sus interacciones. Churchland apunta al hecho de que en la historia de la ciencia muchos conceptos han sido abandonados a favor de otros.
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Patricia S. Churchland: Materialismo eliminativo (Neurofilosofía)

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