10 abr. 2012

Sherry Turkle: ¿Conectados pero solos? (Connected, but alone?)

Comparto, luego soy (I Share, therefore I am)
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A medida que esperamos más de la tecnología, 
¿esperamos menos de uno al otro? 


Sherry Turkle, estudia cómo nuestros dispositivos e identidades en línea están redefiniendo la conexión humana y la comunicación-y nos pide que pensar profundamente acerca de los nuevos tipos de relación que deseamos tener. 

Sherry Turkle estudia cómo la tecnología está dando forma nuestras relaciones modernas: con los demás, con nosotros mismos, con esta.

(As we expect more from technology, do we expect less from each other? .Sherry Turkle studies how our devices and online personas are redefining human connection and communication -- and asks us to think deeply about the new kinds of connection we want to have. Sherry Turkle studies how technology is shaping our modern )
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"La sensación de que "nadie me escucha", que pareciera que prefieren pasar más tiempo con máquinas que preocuparse por nosotros. "
("The feeling that ‘no one is listening to me’ make us want to spend time with machines that seem to care about us.” )

"Nos sentimos solos, pero tenemos miedo de la intimidad. Y así, de las redes sociales a los robots sociables, estamos diseñando tecnologías que nos dan la ilusión de la compañía, pero sin las exigencias de la amistad ".
(“We're lonely, but we're afraid of intimacy. And so from social networks to sociable robots, we're designing technologies that will give us the illusion of companionship without the demands of friendship.”

"Lo que la tecnología hace más fácil no siempre es lo que nutre el espíritu humano."
(What technology makes easy is not always what nurtures the human spirit.)


Sherry Turkle

La psicóloga social Sherry Turkle, reflexiona sobre los peligros de un tipo de comunicación donde nos "editamos" a nosotros mismos antes de "ser", nos corregimos, nos borramos, nos reescribimos antes de "ser", en nuestros tuit o en nuestro email o en nuestro post... Pero no somos nosotros, sino la parte de nosotros que queremos compartir... la otra, queda oculta, pero al ser nosotros también... se queda sola. Momento increíble en el que un niño texteando en su teléfono le dice... "en algun momento, pero no ahora, desde luego no ahora, quiero aprender a tener una conversación".

La tecnogía es neutra, el uso que hacemos de ella no. Si dejamos de tener conversaciones reales con los otros ¿seguiremos sabiendo como tener conversaciones con nosotros mismos? y si no sabemos ¿no estaremos inmensamente solos en medio de tanta audiencia? Para pensar un par de veces sobre tiempos y usos de nuestros "chismes"


Transcripción parcial de presentación:

Hace solo un momento mi hija Rebecca me envió un mensaje de buena suerte. Me decía: "Ma, vencerás". Me encantó. Recibir este mensaje fue como un gran abrazo. Ahí lo tenemos. Yo personifico la gran poaradoja. Soy una mujer que adora recibir mensajes y vengo a decirles que demasiados pueden ser un problema.

En realidad este recuerdo de mi hija me trae al comienzo de mi cuento. En 1996, cuando daba mi primera TEDTalk Rebecca tenía cinco años y estaba sentada ahí, en la primera fila. Acababa de escribir un libro que celebraba la vida en Intenet y poco después iba a aparecer en la portada de la revista Wired. En esos bárbaros días experimentábamos con cuartos de chat y con comunidades virtuales. Explorábamos diferentes aspectos de nuestro ser. Y luego nos desconectábamos. Yo estaba emocionada. Y, como psicóloga, lo que más me maravillaba era la idea de que podríamos usar lo que aprendíamos en el mundo virtual sobre nosotros, sobre nuestra identidad, para vivir mejor en el mundo real.

Aceleremos al 2012. Aquí estamos de nuevo en el escenario de TED. Mi hija tiene 20 y está en la universidad. Duerme con su celular al lado lo mismo que yo. Y acabo
de escribir un nuevo libro, pero esta vez no me va a llevar a la portada de la revista Wired. 


¿Qué pasó entonces? Todavía me emociona la tecnología, pero pienso, y vine hoy a defenderlo, que estamos permitiendo que nos lleve a donde no queremos ir.

En los últimos 15 años me he dedicado a estudiar la tecnología de celulares. He entrevistado a cientos y cientos de personas, jóvenes y mayores, sobre sus vidas conectadas. Y lo que he descubierto es que esos aparaticos que todos llevamos en el bolsillo, tienen tanta fuerza psicológica que no solo cambian lo que hacemos, sino que nos cambia lo que somos. Algunas de las cosas que hacemos con estos aparatos, hace unos años, nos habían parecido raras o desagradables. Pero hemos llegado a acostumbrarnos por la manera como actuamos.

Veamos algunos ejemplos rápidos: La gente envía textos o mails durante reuniones corporativas. Envían textos e ingresan a Facebook en medio de clases, conferencias y en toda clase de reuniones. Me hablan de la nueva habilidad, importante, de hacer contacto visual mientras están chateando. Me explican que es difícil, pero posible.

Los padres chatean o envían correos en el desayuno o la cena, mientras que sus hijos se quejan por no tener la atención de sus papás. Pero también estos mismos chicos se niegan la atención entre ellos. Esta es una foto reciente de mi hija y sus amigos juntos, pero sin estar juntos. Y chateamos hasta en los funerales. Yo estudio todo esto. Nos apartamos del pesar o del recogimiento para entrar en esos teléfonos.

¿Y esto por qué es importante? A mi me preocupa porque creo que nos estamos creando problemas verdaderamente, sobre la manera cómo nos relacionamos con los demás, también sobre cómo nos relacionamos con nosostros mismos y sobre la capacidad de autoreflexionar. Nos estamos acostumbrando a una nueva forma de estar juntos en solitario. La gente quiere estar con los demás, pero también en otros lugares; conectados a todos los diferentes sitios en que quieren estar. Quieren acondicionar sus vidas. Qjuieren entrar y salir de todos los lugares porque lo que más les interesa es controlar en dónde ponen su atención. Quieren ir a la reunión de la junta, pero solo para poner atención a las partes que les interesa. Algunos creen que eso es bueno. Terminan así escondiéndose unos de otros, aunque estén constantemente conectados entre sí.

Un empresario de 50 años se quejaba de que siente que ya no tiene colegas en el trabajo. Cuando va a su oficina, no se detiene a hablar con nadie, no llama. Dice que no quiere interrumpir a sus colegas porque, según pinesa, "Están muy ocupados con sus correos". Pero luego se interrumpe para decir, "Sabrás que no te estoy diciendo la verdad. Yo soy el que no quiere ser interrumpido. Pienso que debería desearlo, pero en realidad prefiero actuar con mi Blackberry".

Entre las generaciones, veo que la gente solo alcanza a los demás, si, y solo si, se tienen a cierta distancia que se puedan controlar. Lo llamo, el efecto de Ricitos de Oro: ni muy cerca, ni muy lejos, a la distancia precisa. Pero lo que puede parecer preciso para un ejecutivo de mediana edad puede ser un problema para un adolescente que necesita desarrollar relaciones cara a cara. Un adoloescente de 18 años que usa en chat casi para todo, me decía con nostalgía: "Algún día, algún día, que no será hoy, me gustaría aprender a tener una conversación".

Cuando pregunto a la gente: "¿Qué tienen de malo las conversaciones?" M responden: "Te diré lo malo de tener una conversación. Requiere un espacio en tiempo real y no puedes controlar lo que vas a decir". Esta es la última palabra. Chatear, enviar mensajes, postear, todas estas cosas nos permiten presentarnos como queremos. Podemos corregir, o sea, podemos borrar, podemos retocar la cara, la voz, la piel, el cuerpo; ni poco, ni mucho, sino lo preciso.

Las relaciones humanas son vivas, desordenadas y exigentes Y con la tecnología, las limpiamos. Y al hacerlo, algo que puede suceder es que se sacrifica la conversación por la simple conexión. Nos acortamos. Y con el tiempo, parece que olvidáramos o que dejara de importarnos.

Me encontré desprevenida cuando Stephen Colbert me hizo una pregunta seria, profunda, Me dijo: "¿No es cierto que todos esos trinos, todos esos pequeños sorbos de comunicaciones en línea, equivalen a un gran bocado de conversación real?" Mi respuesta fue negativa; no se pueden sumar. Estar conectados con pequeños tragos para obtener datos concretos, pueden funcionar bien para decir: "Estoy pensando en tí". o aún para decir: "Te quiero". al recibir ese mensaje de mi hija; pero no funcionan bien para verdaderamente llegar a conocerlo y entenderlo.



Sherry Turkle: Analista cultural

Nacida en Brooklyn, Nueva York, cursó estudios de ciencia política en París (1969) y de sociología en Harvard, donde se doctoró en 1976 con una tesis sobre el psicoanálisis en Francia. Inició su actividad docente en el MIT, en 1976, donde permanece como profesora de sociología de la ciencia. Analiza la relación entre el ser humano y las computadoras, con un giro innovador en su planteamiento. Más que estudiar el carácter instrumental de la máquina, se interesa por la 'máquina subjetiva', aquella que se incorpora y transforma la vida social, el desarrollo psicológico, los hábitos sociales, la identidad y la cultura.

Autora, entre otros, de Life on the Screen: Identity in the Age of the Internet (1995); The Second Self: Computers and the Human Spirit (1984) y Psychoanalytic Politics: Jacques Lacan and Freud's French Revolution (1981). Traducidos: El segundo yo: las computadoras y el espíritu humano, Ediciones Galápago, Buenos Aires, 1984; A vida no ecrã, Relógio D'Água, Lisboa, 1985; O segundo eu, Presença, Lisboa, 1989; La vida en la pantalla, Paidós, Barcelona, 1998.

Desde su obra pionera: "El segundo yo: Computadoras y el Espíritu Humano", en 1984 la psicóloga y socióloga: Sherry Turkle ha estado estudiando cómo la tecnología cambia, no sólo lo que hacemos sino lo que somos. En 1995: "La vida en la pantalla: Identidad en la Era de la Internet", Turkle explora cómo el Internet proporciona nuevas posibilidades para explorar la identidad.

Descrito como "la de Margaret Mead de la cutura digital", Turkle ha vuelto ahora su atención al mundo de los medios de comunicación social y los robots sociables. Como ella dice, se trata de tecnologías que se proponen por ellas mismas en convertirse en "un el arquitecto de nuestras intimidades". En su libro más reciente, "Solos estando juntos: Por qué esperamos más de la tecnología y menos uno del otro", Turkle afirma que los medios de comunicación social que nos encontramos a diario nos enfrentan a un momento de tentación. Atraídos por la ilusión de la compañía sin las exigencias de la intimidad, confundimos envíos y la distribución en línea con la comunicación auténtica. Nos sentimos atraídos a sacrificar la conversación por una simple conexión . Turkle indica que sólo porque hemos crecido con la Internet, tendemos a verlo como que todo ha crecido, pero no es así: La tecnología digital está todavía en su infancia y aun hay tiempo más que suficiente para que nosotros podamos cambiar la forma cómo la construimos y la utilizamos .

Turkle es profesora en el Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad en el MIT y la fundadora y directora de la Iniciativa sobre Tecnología del MIT y el Yo.

Sherry Turkle: Cultural analyst

Since her pathbreaking The Second Self: Computers and The Human Spirit in 1984 psychologist and sociologist Sherry Turkle has been studying how technology changes not only what we do but who we are. In 1995's Life on the Screen: Identity in the Age of the Internet, Turkle explored how the Internet provided new possibilities for exploring identity.

Described as "the Margaret Mead of digital cuture," Turkle has now turned her attention to the world of social media and sociable robots. As she puts it, these are technologies that propose themselves "as the architect of our intimacies." In her most recent book, Alone Together: Why We Expect More From Technology and Less

From Each Other, Turkle argues that the social media we encounter on a daily basis are confronting us with a moment of temptation. Drawn by the illusion of companionship without the demands of intimacy, we confuse postings and online sharing with authentic communication. We are drawn to sacrifice conversation for mere connection. Turkle suggests that just because we grew up with the Internet, we tend to see it as all grown up, but it is not: Digital technology is still in its infancy and there is ample time for us to reshape how we build it and use it.

Turkle is a professor in the Program in Science, Technology and Society at MIT and the founder and director of the MIT Initiative on Technology and Self.

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