30 ene. 2012

Una ética de la empatía versus una sociedad egoísta(Entrevista con Sue Gerhardt)

El cerebro del bebé (Con entrevista a  Sue Gerhardt) 
Redes 447: El Cerebro del Bebé
La mejor manera de abordar las enfermedades mentales, incluso la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad, es ocuparnos de los bebés. Durante los primeros dos años, y también el período en el útero, se desarrollan muchos sistemas importantísimos en el cerebro, especialmente los que utilizamos para gestionar nuestra vida emocional, como la respuesta al estrés, por ejemplo. La primera infancia es, en realidad, la base de la salud mental.
Pero los bebés son hasta ahora unos desconocidos. Se suele hablar del desarrollo emocional de los niños pequeños, pero casi nunca se habla de los bebés. Y sin embargo ahora se sabe que durante los primeros el cerebro establece conexiones a la mayor velocidad de crecimiento que jamás alcanzará. De hecho dobla su tamaño. Un periodo tan crucial no nos puede pasar inadvertido. 
Sue Gerhardt ha dedicado toda su vida profesional al estudio de los bebés: a la influencia del afecto en el desarrollo emocional de los más pequeños y a sus efectos en la vida adulta. La idea básica de la propuesta de Gerhart es la importancia del amor como modulador de cambios cerebrales en los bebés. 
Sue Gerhardt
Sue Gerhardt: La conformación del cerebro del bebé
Los primeros dos años, y también el período en el útero, que según los últimos descubrimientos desempeñan un papel fundamental. Desde el momento del nacimiento hasta los dos o tres años, se desarrollan muchos sistemas importantes en el cerebro, especialmente aquellos especializados en gestionar la vida emocional, como la respuesta al estrés. Los diferentes circuitos bioquímicos cerebrales en el cerebro superior, concretamente en la región orbitaria frontal, se empiezan a desarrollar en ese período. 
Los aspectos más importantes de desarrollo cerebral suceden de modo postnatal, tras el nacimiento. No se nace con ellos, ni tampoco son automáticos, sino que dependen de las experiencias que vive el bebé con los adultos o con las personas que lo cuidan. La primera infancia no lo explica todo, porque el cerebro sigue desarrollándose durante toda la vida, y sin duda durante la infancia, pero los primeros años son un período concentrado en el que el cerebro establece conexiones a la mayor velocidad de crecimiento que jamás alcanzará, dado que dobla su tamaño.  Todos los sistemas son más susceptibles a influencias mientras se están desarrollando, y su principal desarrollo acaece en este lapso de tiempo. En este período resulta importante que el bebé no se estrese demasiado. El problema es que si las condiciones de estrés persisten durante demasiado tiempo, o se cronifican durante semanas o meses, puede tener efectos muy perjudiciales en los bebés. Los bebés no pueden gestionar un estrés excesivo. No pueden deshacerse de su propio cortisol. Como adultos, ya se han aprendido diversas maneras de gestionar el estrés. Para que los bebés puedan gestionar su propio cortisol, dependen de los adultos para ello. Para los bebés les resultan estresantes cosas relativamente pequeñas. Por ejemplo, para un bebé estar lejos de su cuidador durante demasiado tiempo es muy estresante, porque instintivamente reconoce que le va en ello la supervivencia. Los bebés lo que necesitan es una atención personalizada, los cuidados y la receptividad de alguien que los conozca perfectamente y que pueda entenderlos y regularlos bien. 
La clave es entonces la planificación de estrategias para ayudar a los padres a llevarlo mejor y a tener más información sobre las necesidades de los bebés, a contar con más apoyo y a tener redes comunitarias e instituciones que les brinden ayuda de una manera realmente activa. Entonces, la estrategia simple y tradicional es sostener en brazos al bebé, llevarlo a los sitios, tocarlo. Todo lo que genere placer, de hecho; porque las pruebas parecen demostrar que las sustancias bioquímicas relacionadas con el placer y con todo lo que genera placer realmente ayudan a que se desarrollen las funciones superiores del cerebro. Entonces, mantener el contacto visual, sonreír, jugar, y divertirse con el bebé… Tener en brazos al bebé, tocarlo, masajearlo. todas estas cosas ayudan mucho, no solamente porque quizá formen parte de la gestión del estrés, sino también porque ayudan a la región orbitaria frontal del cerebro.  
En torno al la detección tempranas de algunas enfermedades mentales, de trastornos de la personalidad, la investigación actual demuestra que, todo apunta nuevamente a la primera infancia, como el caso de la enfermedad denominada como trastorno límite de la personalidad, que quienes la padecen tienen problemas graves, y que investigando en sus cerebros, se ha descubierto que las partes cerebrales que se desarrollan en la primera infancia, que se manifiesta en conductas relacionadas con su capacidad de respuesta al estrés, y con los niveles de cortisol, son muy altos. Además existe una una hiperactividad en la amígdala, el sistema de detección de amenazas. Las regiones orbitarias frontales, las que podrían ayudarles a gestionar el estrés y calmar la amígdala, fueron afectados por el cortisol producido por situaciones estresantes cuando empezaban a desarrollarse tales regiones, por lo que se encuentran reducidad o son inactivas. Lo mismo sucede con otras partes prefrontales del cerebro que participan en la gestión de las emociones. 
Cuanto más sabemos de neurociencia, más claro resulta que hay muchos problemas en la sociedad (ya sea la conducta antisocial, o los trastornos de la personalidad o la conducta, los pacientes en centros de salud mental. no hablo de la esquizofrenia, sino de trastornos de la personalidad y depresión y problemas de este tipo) que relacionados con la primera infancia, así que si queremos proteger a la sociedad de las consecuencias de este tipo de conductas.
Sue Gerhardt: Why Love Matters: How Affection Shapes a Baby's Brain 
(Por qué el amor importa: Cómo el afecto modifica el cerebro del bebé)
Sue Gerhardt ha orientado su estudios hacia el mundo de los primeros años de vida y al cuidado de los niños, que fueron plasmados  en un best-seller llamado ¿Por qué el amor importa: cómo el afecto modifica el cerebro del bebé (Publicado en español como: El amor maternal). Ella centró sus estudios en la neurociencia del desarrollo temprano, en cómo el cerebro de los bebés se desarrollan en respuesta directa a la calidad de la atención que reciben en el inicio de sus vidas. 
Lo cual ha resultado una lectura incómoda tanto para los padres y como para los  responables de políticas sociales sobre el área, dado que su mensaje es inequívoco y es que los bebés necesitan contacto afectivo directo, un emisor de afecto, sean estos los padres o los cuidadores, en lugar cuidados de los niños que con frecuencia son irregulares por parte de los padres o los encargados de los bebés. "Sue Gerhardt ha proporcionado un texto fundamental para la salud futura de la sociedad moderna", escribió Oona King emocionada. Otros no lo eran tanto, ver la tesis de Gerhardt fue considerada como anti-feminista, pues se culpabiliza la culpa a las madres de la falta de afecto en los bebés y las cuales ya tienen bastantes dificultades para combinar las presiones del trabajo y la familia. No obstante, la idea básica de Gerhart, requiere ser considerada y es que los bebés expuestos a experiencias traumáticas cuando se encuentran todavía en el útero tienden, una vez nacidos, a ser niños difíciles:El momento del parto puede ser traumático para el niño, por ejemplo, un parto difícil mediante fórceps puede elevar la cantidad de cortisol del bebé a un nivel superior al que hallamos en un parto normal o en un parto mediante cesárea”. El cortisol es una hormona que se segrega en situaciones de estrés. Una persona emocionalmente estable, tiene un nivel de cortisol equilibrado. En los bebés, cualquier cantidad de cortisol superior a la que deberían tener es un exceso de estrés que deberían eliminar.
El temperamento de los bebés difiere entre sí, pues unos tienen más demandas que otros.  El bebé reactivoque representa un 15% aproximadamente de la población- posee, posiblemente, un equipo sensorial más sensible, por ejemplo, llora más que el promedio de los bebés y tiende a ser más más timidos y miedosos, por su hipersensibilidad.  Gerhardt ha detectado que dichos bebés sufren de estrés con más facilidad y necesitan recibir muy buenos cuidados parentales para que ello no ocurra. Después de una situación de estrés, sus sistemas sólo vuelven a la normalidad si son calmados y tranquilizados por los padres y si éstos los sostienen en brazos y los alimentan con más frecuencia que a otros bebés: “Debido a que es más difícil para los padres relacionarse con un bebé hipersensible que hacerlo con un bebé “fácil”, los sistemas de reacción frente al estrés de muchos de estos bebés quedan sobrecargados, y ello da lugar a la instauración de un sistema hiperreactivo con un nivel crónicamente elevado de cortisol”. 
A partir de estas hipótesis, la ONG británica National Literacy Trust, que desarrolla campañas en pro del desarrollo de las capacidades lingüísticas de la infancia, encargó en 2008 un estudio sobre el tema a un equipo de investigadores de la Universidad de Dundee (Escocia). El equipo, dirigido por la Dra. Suzanne Zeedyk, llevó a cabo un estudio de observación de 2.722 familias con bebés, por todo el país. Paralelamente, los investigadores estudiaron el comportamiento de 20 bebés, a lo largo de un recorrido por el centro de la ciudad de Dundee. Durante la mitad del paseo, los bebés iban orientados hacia la ruta, y la otra mitad orientados hacia la madre o cuidador.
El primer estudio permitió observar que las sillitas donde el bebé va de cara a la ruta son, con diferencia, las más comunes, pero que los bebés tenían muchas menos posibilidades de interactuar socialmente en este tipo de sillas. Sólo en un 11% de casos se observó que los cuidadores les hablaban a los niños. Por el contrario, en sillas que permiten llevar a los bebés de cara a sus padres o cuidadores, se vio que estos les hablaban en un 25% de los casos, y aún más cuando los llevaban encima mediante portabebés o cuando caminaban con ellos. Sobre los resultados de la investigación, la Dra Dra. Zeedyk concluyó:
“Nuestros datos sugieren que, para muchos bebés, la vida en un cochecito resulta pobre emocionalmente y tal vez estresante. Los bebés estresados crecen y se convierten en adultos con ansiedad. Parece, por nuestros resultados, que es hora de que empecemos a desarrollar una investigación a mayor escala sobre este tema. Los padres merecen poder tomar decisiones informadas para favorecer mejor el desarrollo emocional, físico y neurológico de sus hijos.”
Sue Gerhardt: Selfish Society: 
How we all forgot to love one another and made money instead 
(La sociedad egoísta: como hemos olvidado amarnos en vez de hacer dinero)
En:  "La sociedad egoísta",  Gerhardt se mueve a partir de las minucias de los dos primeros años de la vida -su especialidad-, como psicoterapeuta en el "Proyecto de Padres e Infantes de Oxford" a una amplia gama de temas como: la política global, el cambio climático, el egoísmo del capitalismo y los deficitarios consumismo de las sociedades occidentales. Parece ser entonces, un enorme salto imaginativo, desde el cableado complejo del cerebro de un bebé a los desafíos globales que enfrenta el planeta
Pero si Gerhardt está en los correcto, las personas están configuradas fundamentalmente por sus primeras experiencias, y en particular, por el tipo de amor y atención que reciben de nuestros padres o cuidadores. 
Es más, las consecuencias sobre muchos efectos sociales perniciosos se dan como efectos de una inadecuada atención temprana de los bebés. 
Un niño llamado George
Esa es la historia de un niño llamado George, mencionada por Gerhardt. Su madre era severa y crítica de sus hijos. George tenía todo lo que quería materialmente y tuvo la mejor educación que se le podía ofrecer, pero se crió necesitado e inseguro emocionalmente. El pequeño George se convirtió en el presidente George W. Bush
Invasión a Irák por la administración de G. W. Bush
"Ese es un tipo de efecto de crecer con padres autoritarios pero emocionalmente ausentes", dice Gerhardt, por lo que "se busca posiciones de poder recuperar el sentido de la autoestima.
El argumento de Gerhardt, es que hay que si nos centramos en el tipo de cuidado y afecto que damos a nuestros hijos, podemos construir una sociedad mejor. El camino a seguir entonces, no es un retorno a los valores tradicionales de la familia, ni un movimiento hacia un estilo de disciplina más autoritario por parte de los padres. Más bien lo resume en: un "desarrollo emocional" y una "ética del afecto o de la empatía". "Al cambiar la experiencia de la temprana dependencia afectiva de los demás a una experiencia creciente con amplio número de niños, habrá más capacidad para extender estas experiencias a la comunidad en general". "El desarrollo personal y el progreso político están vinculadas. Un sociedad madura y no-egoísta, se basa en las mismas cosas que la familia segura:.. Satisfacer las necesidades básicas, la aceptación de los demás y convivir resolviendo conflctos. En última instancia, nuestra supervivencia dependerá de cómo nos tratamos unos a otros en a escala global." . La visión de Gerhardt puede parecer un poco vaga, pero tiene demandas concretas: el derecho al trabajo flexible, el acceso a la psicoterapia padres-bebé y "un salario de crianza", para uno o ambos padres para compartir durante los dos primeros años de vida con su hijo . 

Referencias:

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